Hijo de Nadie. Segunda Parte.



1


     David finalizaba su sábado en su escritorio, revisando sus correos electrónicos, disfrutando de un café negro y un cuadrado de chocolate, dos placeres que se daba por las noches, para finalizar el día. Leía y respondía mensajes de Whatssap, Twitter, Facebook, buscaba información en las páginas de distintos diarios, leía lo que se le había escapado durante la mañana y la tarde debido al trajín cotidiano. Ese escritorio era algo así como su guarida, el último rincón del universo en donde alguien o algo podía molestarlo.


     Uno de los mensajes que recibió llamó su atención más que otros. Era de un amigo que trabajaba en una comisaría de una zona bastante alejada, pero que él solía frecuentar bastante.


“Hallaron un cuerpo en el camino que hay atrás de la cárcel”


     Dejó todo lo que estaba haciendo, incluso la taza de café humeante que le resultaba tan tentadora.


“¿Hombre o mujer?”


     La respuesta demoraba. David tenía poca paciencia y necesitaba información para actuar lo más rápido posible.


“No sé, llamaron y dijeron que vieron un cuerpo al costado del camino, parece que está medio enterrado o tapado con algo, llamó una mina”. “Podría ser el médico ese que denunciaron que había desaparecido”.
“Ok, salgo para allá”.


     Apagó la computadora, le dio  un sorbo rápido al café como si se despidiera de algo que amaba y tomó el chocolate, al menos eso lo iba a compensar por no poder disfrutar de su sábado a la noche tranquilo. Subió a su camioneta y tomó la ruta más corta para llegar al camino que bordeaba la cárcel, que estaba en la otra punta de la ciudad. Debía atravesar todo el centro, porque desde su casa hasta ese sitio no tenía ningún camino directo.


     Tardó bastante en encontrar la zona en donde el cuerpo había sido encontrado. Ya la policía había puesto una cinta perimetral y no permitían que nadie se acercara. David apeló a la tarjeta de la radio en donde trabajaba como comentarista, sin embargo no hubo forma de quebrar el hermetismo de los oficiales. Había una orden estricta de no informar nada a la prensa hasta que el juez o el fiscal llegaran al lugar.


     Mientras esperaba, relacionaba lo que su contacto le había informado a través del mensaje. “Podría ser el médico ese que denunciaron que había desaparecido”. Tenía poca información al respecto. Tomó su teléfono y envió un mensaje a un compañero de la radio.


“Estoy en el camino viejo que está atrás de la cárcel. Me avisaron que encontraron un cuerpo y me vine para tener la primicia en el programa. Me dijeron que hay un médico que no aparece y denunciaron su ausencia hace unos días, mándame toda la data que tengas.”


     Un lacónico “ok” fue toda la respuesta que obtuvo. Sentía ansiedad por saber qué había ocurrido, frío porque había llevado un abrigo liviano y hambre porque ese café era solo un aperitivo previo a la cena que su esposa estaba preparando cuando recibió el aviso sobre el cuerpo. Un zumbido lo sacó de sus pensamientos. Comenzaban a entrarle mensajes de su contacto, poniéndolo al tanto sobre algunos pormenores de la desaparición del médico.


“El tipo era cardiólogo”
“El jueves fue al centro y no se supo nada más.”
“Dejó plantados a pacientes que tenía en el consultorio.”
“Hijo hizo la denuncia en la comisaría de la zona.”
“Tiene 72 años, es de contextura pequeña.”
“Tampoco se sabe nada de la camioneta que tenía.”
“Parece que andaba con una piba de unos 30 años.”
“Se dice que le dijeron que si no la dejaba, iba a tener que cuidarse”.
“No saben si eso fue un aviso o una amenaza.”
“Podría haber un tema  de sustancias.”


     Siguió recibiendo información. Daba vueltas por el perímetro que la policía había delimitado y trataba de escuchar todo lo que podía. Se trataba de un cuerpo menudo, pequeño. Aparentemente era un hombre, tal vez algo mayor. Algún oficial le confirmaba “off the record” que estaba muy golpeado. Lo habían dejado semienterrado, tapado con ramas y mantas.


     Con esos datos, David tenía la certeza de que se trataba del médico. El operativo no tendría semejante hermetismo si se tratase de un ciruja o un trabajador de las quintas que abundaban por la zona. Algo más había para que todos los agentes guardaran tanto silencio y solo se filtraran algunas pocas certezas.



2



     David pasó toda la noche en el lugar. Se arrepentía de no haber pasado por alguna panadería y comprar algunos bocadillos para ir comiendo mientras esperaba. También se lamentaba de que no hubiera ninguna estación de servicio cerca como para ir a buscar algún tarro con café, como para soportar la baja temperatura nocturna. Podía irse y volver a la mañana siguiente, pero su tozudez le decía que si se marchaba, se podría perder de algo importante y quería ser él el primero en tener la novedad.

  
   Poco a poco la luz del sol iba corriendo las sombras y David podía observar mejor el lugar en donde la policía trabajaba. Ya había llegado el camión de la división científica y realizaban los peritajes para obtener rastros de suelas, huellas de neumáticos y otros que pudieran darles un rumbo sobre lo que había pasado. El cadáver había sido colocado de modo que solo se le veían los pies. Ese fue el dato que surgió de la llamada que hizo una mujer que pasaba por el lugar y los iluminó con los faros de su automóvil. El resto era rutina.

  
   El cuerpo se encontraba arrojado al pozo hecho de forma improvisada, en posición fetal y había sido atado con cintas de embalar. A simple vista, presentaba muchos golpes y unas marcas en su cuello indicaban que habían intentado asfixiarlo. Como detalle, tenía dos medias enrolladas dentro de su boca.


     Nadie decía si se trataba o no del médico desaparecido. Solo hablaban de un hombre de contextura pequeña, de la violencia que ejercieron con él, de que por los rastros que había quienes lo dejaron ahí no eran expertos. Nada concreto.


     David pudo acercarse a otro sector, desde donde, a esa hora, podía verse algo más. El cuerpo había sido enterrado de una forma improvisada, las huellas en el pasto daban la impresión de que habían puesto un vehículo de culata para poder trasladarlo. Alcanzó a escuchar que estaba atado con cintas de embalar, con muy poca ropa y  le habían dejado unas medias enrolladas dentro de la boca.  Aún conservaba una cadena de oro en el cuello, por lo que el robo podría quedar descartado como móvil del crimen.


     Aprovechó la claridad del día para sacar algunas fotos, dentro de lo que los oficiales le permitían aproximarse. Ya habían retirado el cadáver y el fiscal había tomado muestras del lugar para realizar las pericias, de modo que ya no le ponían tantas restricciones para acercarse y poder observar mejor.


     Había vivido algunos años en el campo y conocía de tareas rurales. El pozo estaba mal hecho, a los apurones, con una herramienta que no era la indicada para ese tipo de trabajo y por una persona que no tenía tampoco la fuerza suficiente para cavar. Aún no había novedades sobre la identidad del muerto, pero había un grito silencioso que decía que sí, que se trataba del médico desaparecido desde el jueves.





3



     David leía los distintos informes que afirmaban su certeza: el cuerpo hallado era el  cardiólogo. Lo habían reconocido sus familiares en la morgue. La autopsia revelaba que tenía marcas en el cuello, en un intento de muerte por asfixia, pero lo que realmente lo había matado había sido un golpe.  Cualquiera podría haber sido el asesino, ya que la pequeña contextura física del hombre y su edad le daban una gran fragilidad. Evidentemente el asesino no pensó que lo habría matado a la primera puñetada, ya que el cuerpo presentaba muchos golpes y signos violentos, además de la marca de ahorcamiento.


     El registro a la propiedad en donde vivía llenaba de interrogantes a todos. En la casa no faltaba nada, ni siquiera las dos computadoras que el médico poseía. ¿Qué buscaban los atacantes? ¿Por qué ese ensañamiento con un hombre que ya se había jubilado y ejercía la práctica médica en forma particular? ¿Tenía algo que ver el dato de la mujer de 30 años con la que salía? ¿Dejarle las medias en la boca era un signo mafioso? ¿Para qué sujetarlo con cintas de embalaje, si el tipo ya estaba muerto?

 
     Eran todas hipótesis de pistas que había que seguir. La policía no confirmaba ninguna, ya que la denuncia por la supuesta amenaza recibida no existía. Quizás no tuvo tiempo de efectuarla. O, tal vez, no le dio la importancia real que tenía. Podría, tranquilamente, no tratarse de una amenaza, sino de una advertencia, y, en ese caso, habría que investigar el círculo de amistades de la mujer para saber a qué se refería esa frase.

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